Anoche de esas charlas magestuales que tengo con mi señora madre,
caímos ambas en la cuenta, como quien recorre la montana y en la cima se sienta
observar el todo y disfruta del logro
alcanzado. Es que ambas aprendimos de la vida hacer las paces con nosotras mismas, ha dejar la mesa limpia para sentir y vivir el
ahora. Increíble como podíamos vibrar
bajo la misma sintonía en edades y situaciones tan diferentes. Q rico hablar con esa mujer sabia y reírnos de
la franqueza de la vida y lo hermoso que es ser la reina de nuestro cuento,
donde ahora escogemos hasta nuestros errores, ofrecemos al amor lo que somos y no lo que
necesitamos, donde las reglas no es la moral si no nuestros propios principios,
donde lo mejor de mi no está en el sexo si no en la mirada silenciosa del que desea
observarla. Recorremos el mismo bosque bajo ópticas distintas y ella tan solo
con unas arrugas de más, las dimensiones del alma y el despertar de nuestra
conciencia nos hace disfrutar este viaje de vida, que en la medida que creemos
en ella nos sorprende. Mi cuento es el mejor cuento y es porque lo escribo yo.
A mi madre: Porque siempre me recuerdas que SOY UN ESPIRITU
LIBRE.

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